King Kong (2005)

“No fueron los aviones. Fue la bella quien mató a la bestia”

El año era 1929. Hasta ese momento, los Estados Unidos habían disfrutado de prosperidad económica. Sin embargo, el jueves 24 de octubre de 1929, una congregación de multitudes se encontraba en las afueras del edificio New York Stock Exchange, pues la tarde anterior el mercado financiero se había desplomado. En los días siguientes, la bolsa seguía cayendo. El infame Martes Negro implicó una caída del 12% en la bolsa. Este evento marcó el comienzo de la Gran Depresión, que continuaría por 10 años. Fue durante esta época-en 1933, para ser exactos- que nació un clásico del cine:  King Kong, dirigida por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. 72 años después, Peter Jackson realizaría un digno remake, y para analizarlo, deberíamos empezar por la versión original.

King Kong 1933

Durante la crisis económica de 1929, la actriz teatral Ann Darrow, es convencida por el director Carl Denham de salir en una película que requerirá viajar en barco a Indonesia para la filmación. Sin embargo, el verdadero objetivo de Denham era encontrar la isla Calavera, para ver al misterioso ser llamado King Kong. Mientras el barco se encuentra cerca del lugar esperado, los nativos secuestran a Ann y la ofrecen de sacrificio a la entidad que los reina: el grande, el único, King Kong, un gorila gigante capaz de enfrentarse a temibles dinosaurios (de stop-motion, pero aun así impresionante). La tripulación lleva a cabo un plan para rescatar a Ann y capturar al monstruo. Regresando a la ciudad, Carl se hace millonario ofreciendo dinero para que la gente vaya a ver a Kong, llamándolo “la Octava Maravilla del Mundo”. Naturalmente, Kong se convierte en un éxito, hasta que, desesperado, se escapa. El caos reina por las calles

En una escena muy importante, Kong rapta a Ann Darrow y la lleva a un viaje en el Empire State, más por autoconservación que por otra cosa. El valiente prometido de Ann, Jack Driscoll, va al rescate, al igual que el ejército y la Fuerza Aérea. Disparos fortuitos salvan a la bella Ann de aquel horrendo animal: Todo ha vuelto a la normalidad. 

La película original, desde su estreno, ha tenido críticas bastante positivas: mantiene un porcentaje de 98% en la página de Rotten Tomatoes, y fue seleccionada para su preservación por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Se le considera una de las mejores películas de aventura de toda la historia, uno de los mejores monstruos jamás puestos en la pantalla, y es considerada la inspiración para la mayor parte de películas con dinosaurios que surgieron en los siguientes años, sobre todo con base en stop-motion. 

Sin embargo, las audiencias, al salir de la película, se quedaron con un sabor agridulce. Por supuesto, se presentaba al gorila más como un antagonista, pero hay un sentimiento profundamente humano en el rechazo, y este lo conectó con las audiencias. Por el mismo motivo, en 1976, el primer remake de King Kong trajo (o al menos intentó traer) cierta humanidad y ternura al personaje. Pero, el King Kong más amable llegaría en 2005, gracias a Andy Serkis, Peter Jackson, y fantásticos efectos especiales. 

El elemento meta

El prefijo meta, que significa más allá de, se suele utilizar para referirse al estilo de cine que comenta sobre su propia naturaleza, o muestra su realidad a través de objetos cinematográficos. En pocas palabras, una película que sabe que es una película. King Kong de 2005, es el ejemplo perfecto. Constantemente hay referencias que nos sacan de la experiencia, provocando risas. Ejemplos; Carl Denham pregunta por Fay Wray, (Ann en el filme original) y le revelan que se encuentra filmando con Merian Cooper (director de la original); siendo perseguidos por dinosaurios, un personaje menciona que se ven “muy reales”; también está el cambio de Jack Driscoll, quien de un marinero macho pasó a ser un escritor comentando sobre la naturaleza absurda de los romances en la cultura popular.

King Kong siendo una de las mejores películas de aventura, comenta sobre las mentiras que nos cuenta; es un producto pagado que critica a quienes pagaron por verlo; la película de escapismo que no te permite escapar porque te recuerda que sólo es ficción. La mayor cualidad (entre demasiadas) del remake, es su capacidad para ser una contradicción constante.

Hay bastantes críticos que debaten entre si el cine se creó enteramente para el escapismo, o si una buena película requiere que la audiencia realice introspectivas después de verla. King Kong nos muestra que las mejores películas pueden hacer las dos cosas. 

Intensamente

Cada aspecto de esta obra maestra dirigida por Peter Jackson amplifica al 1000 las cosas que hacían fantástica a la original. En primer lugar, los riesgos. Con riesgos, obviamente, quiero decir secuencias de aventura. La edición, la música y las actuaciones están perfectamente sincronizadas. Saltas en los momentos que quieren que saltes. Te acercas al límite de tu asiento, tu respiración para, te emocionas, te ríes… todo gracias a la excelente coreografía de las escenas. Cada secuencia tiene un perfecto sentido rítmico, y son muy extremas en comparación con la original. Digámoslo así: en una escena, King Kong se enfrenta a 3 dinosaurios simultáneamente mientras protege a Ann en un puño, cayendo por un precipicio enorme. 

Otro elemento notable en el efecto emocional de la historia, es la creación de relaciones sentimentales entre los personajes. Mientras que en la versión original rara vez vimos a King Kong como alguien a parte de un monstruo que secuestraba por capricho a una rubia, en esta película vemos a Ann encariñarse con un ser que la salvó. Estamos con ella en sus intentos por hacerlo sonreír de la misma manera en la que estamos con él mientras su corazón se rompe y trata de defender a un ser amado sin importar las consecuencias. Cuando King Kong moría en la original, un sabor agridulce quedaba impregnado; cuando King Kong muere en la versión de 2005, sufrimos con Ann en cada segundo de una secuencia que el director alargó de más para jugar con nuestras emociones. 

Carl Denham y la Crítica Social

Jackson nos invita a mirar con asombro desastres naturales, monstruos gigantescos, rituales paganos, peleas… Naturalmente, también quiere que veamos con desprecio a una sociedad que se contenta con un falso sentimiento de orgullo. Una sociedad que paga boletos por ver violencia. No es difícil notar que NOSOTROS somos como Carl Denham y como la audiencia en aquel gran teatro: haremos cualquier cosa, sin importar lo inhumana para ganar dinero. Diremos cualquier mentira o faltaremos al respeto a cualquier creencia; posteriormente, gastaremos ese dinero. 

Acerca de esa escena en el teatro, quiero que se pongan a pensar por un momento: El país estaba en ruinas. Las personas se mudaban porque no podían sobrevivir con tan poca escasez. Los negocios cerraban, las calles estaban vacías. ¿Qué hacían los ricos? ¿Ayudaban a aquellos menos afortunados? ¿Apoyaban económicamente a fundaciones caritativas? La respuesta es no. Lo gastaban en ver a un animal ser maltratado.  Sólo eso diré.

– Alex Baez

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