¿Qué es lo que el dinero no puede comprar?

Reflexiones sobre los límites del mercado

Jurado Saldaña Edmi Jimena

Seguramente más de una vez hemos sido testigos de situaciones donde sentimos que la dignidad humana se ve vulnerada por el funcionamiento del sistema económico capitalista. Bajo este entendido me parece importante compartir algunas de las razones por las cuales creo que el mercado debe replantearse sus límites y respetarlos, para esto echaré mano de algunas reflexiones del libro Lo que el dinero no puede comprar, del filósofo político Michael Sandel.

Hemos llegado a un punto donde todo tiene un precio y por tanto todo puede comprarse: el suelo, el oxígeno, los alimentos, el agua, las mujeres y sus vientres, los órganos, la educación, la amabilidad de las personas, un puesto de trabajo o incluso la vida; que parece casi insostenible.

El suelo se compra cuando adquieres un terrero; el oxígeno se vende en tanques; los alimentos se ofertan en los supermercados; el agua se extrae de manantiales, se embotella y se vende a diferentes precios según el prestigio de la marca (absurdo ¿no?). Las mujeres se cambian o venden hasta por 300 vacas en países como Kenia (incluso en México) y en India se alquilan vientres maternos hasta por 8 mil dólares (Voigt, K., Kapur, M., y Cook, L., 2013).

Hay gente que lucra con los órganos y los venden en el mercado negro, la educación de calidad suele ser la que se paga, cuando estas gozando de un servicio el trato de las personas mejora cuando les das un “incentivo”. Los puestos de trabajo, como las plazas de maestros siguen vendiéndose entre familias y amigos, y la vida cuesta cada vez que, por ejemplo, se te amenaza de muerte y tienes que pagar para  que no te hagan daño. Todo parece tener un precio, vivir tiene un precio.

Esto es simplemente una falta de respeto y una agresión a la dignidad. La dignidad humana es el derecho a ser valorado como sujeto individual y social, en igualdad de circunstancias, con sus características y condiciones particulares, por el solo hecho de ser persona (Milenio, 2016). Por lo tanto, no debería pasar que con cuestiones tan humanas cómo la salud, la maternidad, los valores, la confianza o la seguridad, preguntemos “¿cuánto cuesta? o ¿cuánto vale?”, porque hasta cuando lo hacemos con objetos ni siquiera lo hacemos de forma justa. 

De acuerdo con Sandel (2012) -y concuerdo con él-, hemos pasado de tener una economía de mercado a ser una sociedad de mercado. Esta transformación es grave, porque mientras que la economía de mercado es una herramienta valiosa y eficaz para organizar la actividad productiva, la sociedad de mercado es una forma de vivir en la que cada ámbito de la actividad humana y las relaciones sociales están determinadas por lo establecido en el mercado. Es decir que, los valores mercantiles han penetrado tanto que todo es un recurso, un capital y en términos generales, algo que se puede comprar y vender. 

Negocio de derechos: el caso de la educación.


La educación es un derecho universal reconocido en el artículo 26 de la Declaración de los Derechos Humanos, “es una herramienta decisiva para el desarrollo de las personas y las sociedades, porque de él depende no sólo la posibilidad de ejercitar los derechos civiles, políticos, sociales y económicos, sino también el grado en que se realicen” (Fontán, 2015. p. 112). Asimismo, en la carta magna del Estado mexicano, en su artículo 3ro se reconoce que, toda persona tiene derecho a recibir educación, siendo el Estado el encargado de impartir educación preescolar, primaria, secundaria y media superior.

Sabemos bien que hoy en día la escolaridad mínima solicitada por la mayoría de los empleos es la educación media superior, pero también es un hecho que no todos tienen la oportunidad de concluir estos estudios. Situaciones como estas obligan a cientos de personas a buscar  certificados falsificados que les permitan acceder a un empleo, y entre tantas, esta es una de las varias formas en las que comienza el negocio de los derechos. Ilustremos con ejemplos esta situación. 

Venta de certificados de estudios y  cédulas profesionales.

 En Ciudad de México es común encontrar lugares donde se realizan este tipo de transacciones “turbias”, Santo Domingo es uno de los lugares más recurridos y afamados históricamente. De acuerdo con una entrevista realizada por el Universal (2014), los servicios en estos lugares van desde los 900 hasta los 6,000 pesos mexicanos (45-300 USD aproximadamente);  los certificados de educación superior son los más demandados y las licenciaturas más solicitadas son Enfermería, Derecho y Medicina. 

La compra de certificados  no solo exhibe la necesidad de las personas de comprobar estudios que no tienen, sino la ausencia del Estado para que el mercado convierta en negocio, un derecho. Las personas entre más especializadas estén o mayor preparación tengan, más valiosas resultan, es decir que su trabajo es más costoso y mejor pagado. También el título que solicitan deja mucho que pensar, pues el mercado es uno de los determinantes del prestigio o la demanda que tienen ciertas carreras, por esto mismo, la gente solicita lo que el mercado demanda.

Si analizamos esta situación resulta insultante porqué un derecho que los Estados están obligados a brindarle a su población se cobra. En México, a través del Presupuesto de Egresos de la Federación, el Gobierno Federal debe cubrir íntegramente los costos de la educación pública, desde la construcción de escuelas, hasta del sindicato de maestros, sin embargo la burocracia es tan ineficiente para administrar el dinero público, que siempre encontramos escuelas deterioradas y mal atendidas, de ahí que aparezcan cuotas escolares, costos para obtener certificados y escuelas privadas.

Lamentablemente, al mercado y lo mucho que vulnera a las personas (a algunas más que otras) y también al medio ambiente; solo se le presta la atención que merece cuando sucede algún efecto devastador como la crisis económica del 2008*.

* En el 2008 tuvo origen una de  las más graves crisis financieras y económicas del mundo. El mercado hipotecario de Estados Unidos colapsó y a la par de las grandes instituciones financieras. Las consecuencias y el impacto se vivió en todo el mundo, sin embargo como siempre los más afectados fueron los que menos tienen. Durante la gran burbuja inmobiliaria que precedió a la crisis, era muy fácil para cualquier persona acceder a una hipoteca, incluso si su capacidad de pago era baja o nula. De esta forma, los bancos prestaban dinero casi irracionalmente y los intermediarios hacían negocios millonarios vendiendo los paquetes de deudas de miles de personas. Todo esto al final dejó a millones de familias sin hogar y según un informe del Banco Mundial y de la Organización Internacional del Trabajo se perdieron 27 millones de empleos.

Siguiendo con el ejemplo de la educación, la desigualdad que genera el mercado en México es preocupante, de acuerdo con datos de la UNICEF 2021, la educación preescolar solo cubre al 10.43% de los más de 5.7 millones de niños y niñas de 0 y 3 años, más 4 millones de niños, niñas y adolescentes no asisten a la escuela, mientras que 600 mil más están en riesgo de dejarla por falta de recursos, solamente 1 de cada 10 adolescentes que sólo habla su lengua indígena asiste a la escuela, en comparación con 7 de cada 10 del resto de la población (2018), y solamente 2 de cada 5 adolescentes que viven en pobreza extrema continúan su educación más allá de la secundaria. Así que,  no, el mercado no tiene la obligación ética de crear condiciones de igualdad y bienestar.

Ante esto, me parece necesario implementar medidas drásticas para que el mercado deje de desdibujar sus límites y deje de penetrar en ámbitos que no deberían ser monetizados, pues permea en las relaciones sociales, “la leche de la humana ternura” según la hermosa expresión shakesperiana, se pierde con el valor que le damos al dinero.


Finalmente, recordar lo que Michael Sandel nos dice, y es que, pensar en los límites del mercado requiere que razonemos juntos y en público sobre cómo valorar los bienes sociales que tenemos, así se contribuiría a una vida pública más sana y nos haría más conscientes del precio que pagamos por vivir en una sociedad donde todo se vende.

Esta es una tarea colectiva, porque al final de todo, los seres humanos somos los únicos responsables del precio y del valor que actualmente tienen las cosas, porque el mercado mismo es un constructo humano, una creación que hemos dejado que crezca tanto que ahora no sabemos cómo controlar; pero deberíamos. 

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Referencias

Ramos, M. (/). Educación y aprendizaje. En UNICEF México. Consultado el 18 de julio 2021.

Educación y aprendizaje | UNICEF

UNICEF México. (2020). Cada niño y niña aprende. Informe anual 2020. En UNICEF México.

Consultado el 18 de julio 2021. Cada niña y niño aprende | UNICEF

Ramirez, J. (2013). Impuesto a la educación. En Vanguardia. Consultado el 18 de julio de 2021. 

Fontán Montesino, T. (2015). La educación ¿Un derecho universal?. En El Guiniguada Revista de

Investigaciones y experiencias en Ciencias de la Educación, 23(2014), pp. 111-123. 

Milenio (Diciembre 17, 2016). La dignidad como derecho humano. En Milenio Noticias. Consultado

de: https://www.milenio.com/opinion/varios-autores/derechos-humanos/la-dignid

ad-como-derecho-humano en Febrero 23, 2021 

Sandel, M. (2012). Lo que el dinero no puede comprar: Los límites morales del mercado. Debate.

(pp.3-17) 

Tapía, R. (Enero 21, 2014). SEP detecta miles de títulos “pirata”. En El Universal.Disponible en:

https://archivo.eluniversal.com.mx/primera-plana/2014/impreso/licenciadospo

r-santo-domingo-44127.html en Febrero 23, 2021 

Voigt, K., Kapur, M., y Cook, L. (Noviembre 4, 2013). Vientres de alquiler: bebés “Hechos en India”.

En CNN Español. Consultado de: https://cnnespanol.cnn.com/2013/11/04/vientres-de-alquiler-bebes-hechos-enindia/ en Febrero 23, 202

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