UN PROMETEO EN LA TIERRA

Breve Historia del Origen de la Mecánica Clásica


Érase una vez un mundo donde las personas no conocían lo que el poder era; sabían de la existencia de los dioses y conocían sus mitos y leyendas, sin embargo, su comunión con ellos era algo que se veía muy lejano… ¿Cómo un mortal sin poder alguno podría igualarse al nivel de una deidad?

Durante mucho tiempo la vida de los seres humanos era solamente vil y miserable, casi comparable a la de los animales, sin nada que pudiera hacerlos realmente especiales del resto de la creación; no obstante, un glorioso día, Prometeo, el astuto y embustero titán hijo de Jápeto, decidió compartir un poco del poder “divino” con aquellos mortales que la Tierra habitaban: … así fue como Prometeo robó el fuego de la forja de Hefesto, el cuál entregó a los seres humanos en el tallo de una cañaheja… El poder divino ahora, en manos de los humanos.

Ciertamente este es solamente uno de los tantos mitos griegos que se han contado por generaciones, totalmente ficticio y fantástico, sin embargo, aquello que posee de verdad es que antes de que el hombre comenzara a realizar ciencia, no poseía poder alguno sobre su entorno, la naturaleza lo dominaba y el hombre se sojuzgaba ante ella; similar a los hombres con los dioses del Olimpo. Pero, aquel fuego de Prometeo que permitió al hombre tener cierto control sobre el mundo que lo rodea fue la ciencia, y si se quiere ser más precisos, la mecánica, fue aquel fuego que se le entregó al hombre con el cual probaría un poco del poder de los “dioses” … el poder de la física.

La mecánica es la rama de la física más ancestral, ya que surge de las necesidades más primordiales de las primeras civilizaciones que se levantaron: la agricultura y la guerra.

Podría parecer que la física y en especial la mecánica son asuntos muy alejados de la vida cotidiana de las primeras civilizaciones, ya que la mecánica se dedica a estudiar el movimiento de los cuerpos sobre el espacio. Es aparentemente extraño pensar que el movimiento tiene algo que ver con el cosechar papas o manzanas, y aún más extraño con el zafar cabezas de los cuerpos del enemigo; no obstante, si nos detenemos a observar los detalles podemos darnos cuenta que todo esto se relaciona con el movimiento.

Si comenzamos por la agricultura, y dejamos a un lado las maquinas o herramientas utilizadas para su práctica, lo que realmente se volvió relevante en su época para los precursores de la mecánica, fue la relación de las cosechas con los cuerpos celestes.

En nuestros días no es misterio alguno que la posición de la tierra respecto al sol influye en su clima y fenómenos naturales; el poder tener un control teórico de las estaciones, solsticios y equinoccios era un asunto de suma importancia para las civilizaciones agrícolas, ya que en invierno no se siembra lo mismo que en verano, y de igual forma las actividades de agricultura van variando conforme pasa el año. Por ello el saber en qué época del año el Sol (tomando en cuenta que se tenía un modelo geocéntrico) se encontraba en cierta posición significaría una ventaja teórica para un pueblo que quisiera aumentar su producción de algún producto proveniente de la tierra.

Además de esto, no hay que olvidar que las primeras civilizaciones eran sumamente religiosas y supersticiosas, por lo que poder predecir el movimiento de los astros se volvió una empresa de sumo interés para gobernantes y jefes religiosos. Es con esto que surgen los primeros calendarios astronómicos, y por consecuencia la mecánica celeste, encargada naturalmente de predecir el movimiento de los cuerpos celestes sobre el firmamento.

Con este poder predictivo sobre los fenómenos naturales, el ser humano comenzó a tener un poco de dominio sobre su entorno, ya que ahora el ser humano podía sembrar en tiempos de abundancia y prepararse para las sequías que ya habían previsto.

Sin embargo, no es ningún misterio que el hombre no solo ha querido dominar la naturaleza, si no que dominarse a sí mismo, ha sido una de sus mayores ambiciones, por ello no extraña ahora el saber que la guerra fue la segunda fuente de origen de la mecánica.

Durante muchos años el poder bélico se medía en la cantidad de milicia que un pueblo tenía; si un ejército compuesto de 500 hombres atacaba una ciudad con apenas 50 defensores, la derrota del segundo era algo totalmente inminente. Además, de que la efectividad de estos hombres influía sustánciateme en la victoria, mientras más fuerte o veloz fuera un ejército, mayores probabilidades tenía de salir vencedor.

Ante esta insistente necesidad de mayor potencia al momento de atacar al enemigo, surgen las primeras “máquinas de guerra”; sin duda alguna la herramienta de guerra más antigua que el hombre inventó en prácticamente todo el mundo fue el arco; es un invento sumamente sencillo e ingenioso: aplicar un poco de fuerza sobre una cuerda para tensarla y disparar un proyectil.

Sin embargo, el hombre “necesitó” evolucionar esta arma para poder matar al mayor número de enemigos con el menor número de bajas propias, es con esto que nacen las primeras catapultas. Seguramente el lector, al leer esto pueda imaginarse un tipo de cuchara sobre ruedas que dispara piedras… no obstante su origen resulta ser más apegado a cómo funciona un arco con flecha.
Más o menos en el siglo IV A.C. en Grecia, se inventó un artefacto que, casi calcando al mecanismo de la flecha, por medio de unas enormes cuerdas atadas a un arco, estas se tensaran por medio de un torno y lanzaran proyectiles como jabalinas o piedras de menos de un kilo.

Lo interesante de este invento fue que, para mejorar su eficiencia, los eruditos de aquellos tiempos debieron encontrar las relaciones entre el diámetro y la altura de los ovillos de las cuerdas a tensar para lanzar los proyectiles, el poder entender la relación matemática de esto permitió crear catapultas más eficientes, de mayor potencia, precisión y alcance. Con esto, se abrió el camino para la comprensión del movimiento de los objetos y su relación con las después denominadas fuerzas, dando paso a la cinemática y por consecuencia a la dinámica; se inició así, oficialmente la tan majestuosa MECÁNICA CLÁSICA, el pilar fundamental para la física de los siglos venideros.

Con este artículo introductorio buscamos darte a ti, estimado lector, una visión bastante sencilla pero efectiva de los primitivos orígenes de la mecánica clásica; te invitamos a estar al pendiente de los siguientes artículos pertenecientes a este serie enfocada a presentar a los científicos más relevantes de esta rama de la física y por ende, a sus más grandes aportaciones para la comprensión del movimiento de todo nuestro mundo; prepárate para este viaje y conoce con nosotros porque la mecánica es el fuego de Prometeo dado a nosotros los hombres.

-Ismael Díaz

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Refrencias

Barajas Pinzón, O. (2003). Breve Historia de la Ingeniería Mecánica. En Revista

Ingenierías, 6(19), 47 – 53. ARTIC (uanl.mx)

Heberlein, V. F. (2016). Una mecánica sin talachas (3.a ed.). Fondo de Cultura Económica.

Cartwright, M. (2021, 18 julio). Prometeo. En Enciclopedia de la Historia del Mundo. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11877/prometeo/#:%7E:text=En%20la%20mitolog%C3%ADa%20griega%2C%20el,comiera%20el%20h%C3%ADgado%20del%20tit%C3%A1n

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