Cómo se entiende la maternidad en la política del Hijo Único: Las políticas demográficas sobre los derechos reproductivos de la mujer

Cruz Antonio Belem

La maternidad tradicionalmente se entiende como un proceso biológico por el cual atraviesa una mujer para convertirse en madre, esto va desde el embarazo, parto y puerperio (Ley General de Salud). Esta definición se utiliza jurídicamente para delegar derechos y obligaciones en torno a la maternidad, como regulaciones en legislaciones sanitarias, de reproducción y políticas demográficas. Este concepto en el transcurso del tiempo ha tenido un importante cambio de concepción.

Otra definición surge desde la antropología, la cual describe el rol en torno a la maternidad como el resultado de una construcción social y cultural que relega las funciones maternales como exclusivas de la mujer. Simone de Beauvoir muestra la maternidad como una prisión para las mujeres, pues se les fuerza a realizar las actividades del hogar y del cuidado de los hijos, con esto queda de manifiesto que se entrecruza la facultad de ser madre con la familia heteronormativa.

Desde los feminismos se explica la maternidad como una práctica dinámica; lo que se considera como válido en un momento determinado, proviene de tradiciones que tienen contextos temporales y espacios particulares, por lo que es necesario pensar en ser madre mucho más allá de la biología. En conclusión, no se puede entender la maternidad como un hecho natural, atemporal y universal, sino como parte de la cultura en evolución continua (Palomar, 2005).

Hoy en día el deseo de un hijo se ha convertido en la reivindicación de un derecho para muchas mujeres, y no una vivencia sobrevenida por la imposición biológica. Es por ello que se ha generado tanto debate en torno a la política del Hijo Único, pues desde la postura de activistas chinos, y grupos feministas, tal medida representa una total violación a los derechos reproductivos de las mujeres, además de impedirles decidir sobre el tamaño de la familia.

Esta política surge cuando la población en China alcanzaba los mil millones de habitantes a finales de los años 70, por lo que el gobierno, en 1979 restringe legalmente tener más de un hijo con el objetivo de reducir la tasa de natalidad, y frenar el crecimiento de la población. De esta manera no se verían frustrados sus planes de crecimiento económico. Y en caso de exceder el número de hijos establecidos, eran penalizadas hasta con 17 720 euros o eran despedidas si eran funcionarias públicas.

Las minorías étnicas en China no estuvieron sujetas a tal política, y en 1980 se permitió a las familias rurales tener otro hijo si el primero era una niña. En 2015, las reglas cambiaron para permitir a las parejas tener un segundo hijo en todo el país, y el pasado 31 de mayo el partido comunista anunció que se permitiría tener tres hijos, con lo que da fin la política del Hijo Único, el gobierno habla de implementar medidas de apoyo económico para ayudar a mejorar la estructura de la población.

Hasta aquí se puede deducir que el concepto de maternidad en el que basan sus políticas demográficas, es biológico, pues al limitar el número de hijos que pude tener una mujer, no importa si es uno o tres, se trata de una imposición sobre su cuerpo, se les está negando el derecho a la libertad. El Estado Chino ve a las mujeres como úteros y ovarios sobre los cuales puede regular su capacidad de procreación y reproducción, para cumplir sus metas de desarrollo económico.

En conferencias anteriores a la IV Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), se intentó regular el crecimiento demográfico mediante políticas que se apoyaran en el control del cuerpo femenino, sin embargo en 1994 el CIPD, colocó el derecho universal a la salud reproductiva por encima de cualquier meta demográfica, esto representó un giro cualitativo para los derechos de las mujeres.

La salud reproductiva nació con un enfoque de género, pues reconoció que fortalecer la autonomía de las mujeres sobre su cuerpo, respetar sus decisiones en materia reproductiva, y fomentar la equidad entre ellas y los varones en materia educativa, laboral y política, eran fundamentales para hacer realidad los derechos reproductivos. Esta perspectiva ha sido objeto de múltiples discusiones, pues reivindica algunos problemas movilizadores del feminismo, relacionado con la autonomía y autodeterminación sobre el cuerpo, la sexualidad y la maternidad.

En dicha conferencia también se enfatizó que la salud reproductiva de las mujeres debía contemplar su salud sexual, por lo que se acordó que la sexualidad debía ir separada de la reproducción, y por tanto los Estados deberían dotarlas de los métodos anticonceptivos necesarios para el ejercicio de la misma con libertad, información en planificación familiar, y brindarles servicios adecuados de atención médica durante el embarazo y el parto.

Así que, una acción del Estado de no dotar a su población de los métodos anticonceptivos necesarios, podría fungir como una violación a los derechos de salud reproductiva y sexual de la población. China con fines de buscar incrementar la fecundidad, podría hacer caso omiso a tal medida. También, se discute por qué la mayoría de los métodos existentes están dirigidos a mujeres respecto a sus pares, hombres.

La entrada en vigor de la política del hijo único trajo consecuencias sociales muy preocupantes e inesperadas. Se calcula que durante el tiempo en que se implementó dicha política, se terminó con la vida de más de 360 millones de bebés recién nacidos para evitar las sanciones que imponía el gobierno por incumplir la ley, y por otro lado surgió una la preferencia por los hijos varones.

Tradicionalmente en China se prefieren hijos varones, porque su cultura es patrilineal y patrilocal, es decir, la línea familiar se organiza a través de los descendientes varones, pues ellos heredan el apellido y también el patrimonio familiar, el aspecto patrilocal se refiere a que las mujeres cuando se casan tienen que irse a vivir a la casa de su marido. Esta preferencia viene a representar la subordinación de la mujer frente al hombre.

Otras medidas represivas de esta política fue una fuerte propaganda hacia el aborto y la esterilización si se sobrepasaba el hijo único, en las áreas rurales se presionó a que los solteros retrasaran el matrimonio, de hecho en 1980 se prohibió el matrimonio antes de los 22 y los 20 años de hombres y mujeres respectivamente, y quienes ya tuvieran hijos serían sometidos a exámenes y supervisión de sus prácticas anticonceptivas.

La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), en la Recomendación General sobre la Mujer y la Salud, estableció que los Estados deben emprender acciones para abordar todos los aspectos de la atención a la salud para mujeres y niñas, por lo que las esterilizaciones forzadas quedan prohibidas al violar los derechos humanos a la salud, a la igualdad, a la no discriminación y a la vida privada.

El crecimiento demográfico depende del equilibrio entre reproductividad y mortalidad; y su relación con el medio ambiente (ambiente físico, clima, disponibilidad de alimentos, etc.) lo que determina su supervivencia. Lo que ocurre en China, es que cada vez hay menos nacimientos y la población envejece más, por lo que su desarrollo económico se ve amenazado.

En el libro Historia Mínima de la Población Mundial, se argumenta que un Estado densamente poblado representa un orden social estable, y las soluciones a los problemas creados por su incremento residen en la producción, y revoluciones tecnológicas. China, contrario a esta idea, buscó reducir su población por una cuestión de oferta – demanda, pensando que no podrían satisfacer las necesidades de la sociedad si ésta crecía más, irónicamente, ahora buscan solucionar su problema demográfico con el aumento de tecnología y maquinaria, pues ya no cuentan personas jóvenes que trabajen.

La política del hijo único ha provocado un envejecimiento más acelerado, los reportes de BBC Mundo advierten que China será la primera economía en envejecer antes de volverse rica. Para 2050, más de un cuarto de la población tendrá más de 65 años, esto realentiza su economía, pues se reduce la reserva de trabajadores jóvenes y las pensiones disminuyen.

En consecuencia, actualmente su tasa de fertilidad (1.3 hijos por mujer), está por debajo del nivel de reemplazo: 2.1 hijos por mujer. Evidencia científica basada en la experiencia europea, indica que una vez que se alcanza este nivel, es muy difícil volver a subirla a pesar de ofrecer programas con estímulo económico para elevar la fecundidad.

La fecundidad de Suecia y Francia son de las más altas de Europa, con mayor porcentaje de empleo femenino y menos niveles de pobreza. Suecia lo consiguió a través de un modelo basado en la equidad de género, y Francia basado en el cuidado infantil.

La política de equidad de género es permitir al hombre y a la mujer combinar trabajo con crianza, por lo que no existen políticas familiares que apunten a apoyar el cuidado de los hijos, la educación sexual escolar no se concentra en el matrimonio, se enfatiza en el valor de las relaciones personales duraderas e íntimas y también hay una actitud positiva hacia las relaciones sexuales entre los jóvenes.

Francia, con una gran institucionalización de la política familiar, combina objetivos pronatalistas con otros de asistencia familiar, de tal modo que la sociedad francesa y el sistema político aceptan sin objeciones la intervención del Estado en la esfera familiar. Se destacan fundamentalmente las medidas de cuidados infantiles.

De acuerdo con una entrevista para Asia Booss en Español, el 100% de los entrevistados aseguró no querer hijos, no porque estuvieran impedidos por la política del Hijo Único, sino porque su concepto de maternidad ha cambiado, ya no se trata de tener la mayor cantidad de hijos, sino de tener a cuantos puedan dar una vida de calidad y brindarles de la mejor educación. Ante esto, el Gobierno prometió reducir los costes de la educación, facilitar el acceso a la vivienda, mejorar las bajas maternales y defender las condiciones laborales de las mujeres.

En conclusión, la maternidad como el hecho biológico que afecta a las mujeres únicamente en gestación, es una construcción cultural y social cuyo origen se remonta a la costumbre de las sociedades de dejar la carga maternal a las mujeres como su responsabilidad.

Es por ello que en China las mujeres ya no quieren tener hijos, sumado a que cada vez son más las que tienen éxito laboral y social, con otras responsabilidades, como mantener a sus padres, además de que son más conscientes de los derechos sobre su cuerpo. La eliminación de la política del Hijo Único no resuelve el problema demográfico de China, pues no tiene una perspectiva de género – como las políticas francesas y suecas –, se tratan de apoyos económicos para mantener la estructura de la subordinación de la mujer frente al hombre.

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