No hay orgullo que sentir

-Jorge Romero

Hoy como mexicanos, hemos de celebrar,

hay fanfarrias victoriosas, por el éxito alcanzar,

“¡Orgullo mexicano!”,” ¡Por tres siglos resistir!”

Más la lucha no ha parado, no hay orgullo que sentir.

Hoy como mexicanos, hemos de celebrar,

hay fanfarrias victoriosas, por el éxito alcanzar,

“¡Orgullo mexicano!”,” ¡Por tres siglos resistir!”

Más la lucha no ha parado, no hay orgullo que sentir.

Y es que todavía existe, se lleva a cabo su opresión,

pero ahora es el Estado, y lucra con su honor.

¿Cuánto tiempo nos ha vendido la cultura mexicana?

Qué es la apropiación de las culturas, de esta parte de la raza humana.

Mucho quitan a Colón, del bello paseo de la reforma,

para poner una escultura, cambiar la narrativa de la historia;

pero, ¿cuándo han ayudado a este vulnerado sector?

¿Sólo lucran con su imagen? Wow, qué motivador.

Y si no es así y me equivoco, que ayuden de verdad,

están Chiapas, Oaxaca o Guerrero, por no mencionar más;

todos estos vulnerados, sus indígenas, aclaro,

en comunidades aisladas, o cómo exhibición de algo.

Exotizando su existencia, para el deleite de los otros,

“Mira, ¡la quesadillera!” o “El de los pantalones rotos”,

“La indita de los tamales”, “A la que le regateé el bordado”,

“Mi jardinero chiapaneco”, ¡Son indígenas, no tocados!

Se ha demostrado claramente, lo que siempre falta;

el respeto es para pocos, la dignidad se salta.

Y así en la sociedad no aprenden cómo hermanos,

en el pensamiento colectivo nos afecta lo que hagamos.

No se ha puesto un límite ante la libertad del otro,

y aquel se acaba entrometiendo y nos afecta a nosotros.

No puede respetar, porque mucho es de importancia,

si obramos bien u obramos mal desde la católica usanza.

Y esto afecta mucho, más de lo que uno se espera,

y se ejerce más violencia contra quien no nos vulnera.

La sociedad ya los violenta, sólo por existir,

no hay libertad de ser, no hay libertad para vivir.

Porque es lo que la religión católica ha enseñado que es pecado,

ha invalidado la existencia y nos mantiene marginados,

Y si es que no se detecta de lo que estoy hablando;

es la homofobia, la transfobia, que afecta mucho a quien está luchando.

No se para a respetar con la razón de ser humanos,

porque en la católica perspectiva, existe uno y es pecado,

y esto ha llevado a crímenes que no han llegado a procesarse,

“Es del diablo y lo he matado”, no es más que un acto deleznable.

A nosotres nos agreden sin más razones que el pecado,

y gracias a la educación, eso es muy bien aceptado.

Ni amar libremente, ni simplemente ser,

No se nos tiene permitido y nos tenemos que esconder.

Más cuando no creamos espacios para sentir seguridad,

nos violentan sin reparos y de nuevo nos a ocultar,

siempre hemos existido y siempre así será,

negarnos no tiene sentido, negarnos no nos parará.

Y es que, al ser diferente, no le queda más que luchar,

y alguno muere en el intento de dar su existencia a respetar,

pero sus hermanos en pie siguen luchando hasta alcanzar,

el respeto humano merecido, que se ha negado por odiar.

Ya es el siglo XXI, y seguimos esperando,

un matrimonio igual, por quien está legislando,

pero no es sólo eso ha llegado a faltar,

una ley para existir, y otra más para poder amar.

Porque a les trans se les agrede, es una verdad a aceptar,

si su género no es el correcto, por tal les van a vulnerar.

Se han dicho cifras preocupantes, cuales se ocupan para molestar,

un 51 % es preocupante, no es en absoluto banal.

Hace un año era un 41, todavía recuerdo bien,

la transfobia ha actuado, no se parece detener,

y si bien “41” tenía otra sabida connotación,

todo esto ha cambiado, pero preocupa sin ocasión.

Un contexto se demuestra homofóbico y odiante,

otro más desea la muerte, y es peor que deleznable,

y uno sigue sin entender, y uno sigue sin aceptar,

que las palabras duelen mucho, que las palabras pueden matar.

Y no tan sólo por su emisión, significado o contexto,

sino también lo que provocan, las actitudes sin pretexto,

pues uno ha de matar con estas palabras en la boca,

un “joto” o “maricón” que demuestra pura homofobia.

¿Qué más hay que decir para que sea reconocido?

Es odio por lo diferente, odio por lo “desconocido”,

y tal vez no sólo es eso, si no que odio puro y ya,

porque no es el único contexto en el que se ejercerá.

¿Qué le espera a una mujer, casada con un macho?

Que exige que ella coma hasta que recoja su plato,

o ¿Qué se espera de la nieta, con su abuelo de “vieja usanza”?

“No seas floja mijita, tú eres mujer, no hay que tener falta”.

Y aun siendo ella “perfectas” ante los ojos exigentes,

siempre son más que golpeadas por sus maridos incompetentes,

y lastimosamente, llega a ser una realidad, que más de una acaba muerta, por su pareja rapaz.

Una realidad bien aceptada, es el “rol de la mujer”,

por la sociedad mexicana, machista y misógina también,

no permite con sus cuerpos hacer lo que ellas quisiesen,

no permite por cultura lo que la naturaleza les ofrece.

Cuantas han sido, el número de discusiones,

sobre la autonomía de su cuerpo, o el vello que les crece,

no se permiten ser bellas con toda la expresión de la palabra,

tienen que ser “señoritas recatadas” para ser “respetadas”.

Y con todo esto solo se piensa, para el inequívoco placer,

para el hombre que las vea, y que las consuma de una vez,

pues poco importan sus deseos o la autonomía de su ser,

“todo se piensa para el hombre y así debe de ser”.

No las han dejado disfrutarse, o disfrutar su libertad,

pues si tiene mucha compañía, “fácil” la llegan a declarar:

y Wow, lo hipócrita que ha sido, al respecto de esta situación;

sí, si quiere es una “fácil” y si no, pues “no aflojó”.

Y cómo siempre se espera, de ellas el recato y el pudor,

que “no provoquen con su ropa”, porque ellos no tienen pudor,

y si la violentan con escote, o con hábitos de monja,

en ella cae la culpa, por vestirse de esa forma.

Y no se sienten cómodas, sea de día o sea de noche,

pues a cualquier hora las violentan, y para ellos no hay reproche,

mucho hablan de que ya, ya existen sus derechos,

la diferencia radica en lo que muestran los hechos.

Pues si bien sus derechos están expresos en papel,

es en la sociedad donde no se siguen bien,

ellas exigen su respeto, exigen también su libertad,

qué si bien ya está expresada, la sociedad no brindará.

No otorgan ni siquiera el derecho a decidir,

ser madre cuando quieran, no, a fuerzas tienen que parir.

Sólo cuatro o cinco estados lo han hecho legal,

pero da mucha vergüenza cuando treinta y dos hay que contar.

¿Qué se espera en los estados si herramientas nunca da?

Ni el aborto ni conocer sobre educación sexual,

¿Cómo quieren que bajen cifras de embarazo adolescente?

Será obra del espíritu santo o será por pura suerte.

¿Cómo quieren que respetemos o nos sintamos orgullosos,

con un Estado que no da los derechos necesarios?

Oh que, por tener diferentes posturas en cualquier lugar,

mata a la persona, mata simplemente sin dudar.

Y es que ¿Cuántos periodistas la vida han de perder,

por cumplir sus labores de informar bien?

Oh ¿cuántos activistas involucrados en el medio ambiente,

llegan a ver cumplido lo que a la tierra le prometen?

Y no es porque no quieran o no lleguen a cumplir,

si no que se “hayan suicidado” pues el Estado les da fin,

y nadie más les continua pues peligroso es, el proteger el medio ambiente o el informar bien.

¿Por qué sentir orgullo por un país así?

Que nos vulnera y nos estafa pues lo podemos percibir,

en lo personal no siento orgullo, nada hay que celebrar,

pobre México querido, te he llegado a odiar.

Pienso ¡Ay! el infortunio por una sociedad así,

progresar poco hemos podido, y no puede así seguir.

¡No hay Orgullo Mexicano!, no hay orgullo por mi país,

la lucha aún no ha parado, no hay orgullo que sentir.

Dedicado a todas las personas que aún y con esta sociedad siguen luchando por sus ideales, sus derechos y su existencia misma.

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